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    ¿Accesibilidad? en los conciertos – Crónica de una experiencia

    Vanesa Martín – Gira Munay en Valladolid – Fotografía: Pablo Alonso 

    Una de las cosas que más me gustan en esta vida es la música. Es mi motor. Mi razón de ser. Desde que me levanto hasta que me acuesto. Ayer tuve la oportunidad de “ver” a la que, para mí, es la mejor voz femenina de este país: Vanesa Martin. La gira de su último disco Munay anoche hizo parada en Valladolid. Pero si estoy escribiendo este post no es para hablaros del concierto en sí que lo podría definir tan solo con dos palabras: mágico y sublime. Como ella. Como su capacidad para erizarme la piel con cada letra, melodía, sonrisa, o giro vocal. Y cualquier persona que la haya escuchado alguna vez sabe de lo que estoy hablando, siempre y cuando tenga una mínima capacidad para cerrar los ojos y dejarse llevar. Pero como he dicho no estoy escribiendo esta entrada para hablar de ella. Sino por algo bien distinto.

    El concierto tuvo lugar en el Centro Cultural Miguel Delibes uno de los mejores lugares en cuanto a acústica en los que yo he estado para ver y oír a los cantautorxs e intérpretes que más me gustan.  He ido a unos cuantos conciertos allí ya. Pero el de ayer creo que será el último, desgraciadamente. Y las razones son las siguientes. Me explicó: lo primero: yo siempre suelo coger las entradas por Internet y no en persona, por cuestiones de comodidad, rapidez y práctica. Puede que a alguno o alguna esto le parezca hasta extraño pero así es. Parece ser que el Centro Cultural Miguel Delibes te dice (e incluso yo diría que casi te lo exigen)  que si eres una persona con diversidad funcional tienes que ir a comprar la entrada de la zona reservada para las sillas de ruedas (o con cualquier otro tipo de movilidad reducida) en persona, o sea, desplazarte hasta allí. Aspecto que me parece absurdo. Y es que no hace falta tener muchas luces para darse cuenta de que las personas con algún tipo de discapacidad (especialmente física) somos lxs que más complicado lo tenemos para desplazarnos por las ciudades. Y el Centro Cultural no es que esté precisamente en el centro de la ciudad ni mucho menos. Más bien al contrario. De hecho, yo tengo que pagar 40 euros de taxi para poder ir y llegar a tiempo a los conciertos y después volver a mi casa – porque aunque hay buses, ya se sabe lo qué pasa: que cuando no es porque viene sin rampa, es que la rampa está estropeada o que es ‘complicadísimo’ estacionar el bus. El tema de los autobuses y algunos de sus conductorxs me da para otro post -. La cuestión es que cuando yo me enteré de este requisito fue cuando ya había comprado la entrada por Internet. Era al primer concierto al que acudía en ese lugar,  hace como unos dos años si mal no recuerdo. Poco más y me prohíben entrar –  a pesar de haberla pagado religiosamente – por no haber escogido el sitio adecuado para mí porque la página web ni siquiera lo especifica – y aguantando malos modos por parte de la jefa de las azafatas del Centro.  Y me niego en rotundo a quedarme sin ir a un concierto de alguien a quien sigo y admiro –y más aún quedan entradas disponibles y a un precio asequible – solo porque no sea el sitio correcto. Sea donde sea. Si pago el dinero que se pide por la entrada tengo derecho a ver y oír el concierto en unas condiciones óptimas. Más cuando el número de zonas para gente con movilidad reducida son mucho más escasas generalmente. Y en ocasiones, dependiendo de la cuidad y del artista, más caras que en otras zonas del recinto.

    Pero el tema no acaba aquí. Hay una segunda parte. En el Miguel Delibes, la zona habilitada para las personas con movilidad reducida está arriba de todo, justo pegado a la zona de entrada y salida, al parecer por razones de evacuación. A partir de ahí son todo escaleras. Para que os hagáis una idea es donde normalmente se colocan los técnicos de sonido y luces, arriba de todo. Y sí, hay una buena visibilidad y se ve todo el escenario. Siempre y cuando el resto de los presentes – que también han pagado su entrada –  no se pongan de pie Algo que es imposible que suceda en varios momentos del concierto puesto que de eso se trata el ir a ver un concierto entre otras cosas: cantar, bailar y pasártelo bien viendo a quien sea. Sería ilógico que no fuera así. Bien, pues cuando esto sucede en este auditorio, lo que estamos en silla de ruedas nos quedamos sin ver. Y la ÚNICA POSIBILIDAD que tenemos es acercarnos al hueco de la escalera para ver el escenario y al artista al que hemos pagado por ir a ver y oír en directo. A pesar de que sabemos que es incorrecto y hasta peligroso. Pero no queda otra.  Porque el auditorio es de todo MENOS  ACCESIBLE. 

    Si estoy explicando todo esto, es porque ayer, prácticamente durante todo el concierto tanto la azafata que se encontraba dentro, como su jefa, y responsables del Centro estuvieron llamándonos la atención, a mí y a la señora que estaba a mi lado,  porque no podíamos asomarnos a la escalera, “porque si no, no se podía abrir la puerta de entrada y salida al auditorio” cuando todo el mundo que trabaja allí sabe que no tenemos otra opción cuando el resto de las personas están de pie. ME PARECE INDIGNANTE Y DISCRIMINATORIO.  Tengo que decir que aunque no era la primera vez que me advertían de ello, una vez que yo les explicaba de buenas maneras y con una sonrisa que si no, no podía ver, me pedían que, por favor, tuviese cuidado y que dejase sitio cuando la gente quisiera subir o bajar – algo que haría igualmente aunque no me lo dijera nadie – y ya está, me dejaban tranquila. Pero ayer no. Y ayer me amargaron el concierto. Que repito, era de mi artista favorita y llevaba meses con la entrada cogida y esperando. Hasta llegaron a decirme cuando estaba en la última parte del concierto que no me pusiera en la escalera a pesar de que todo el mundo estaba de pie, el concierto no había acabado y la gente ni se movía de su sitio.

    PUNTO 1: NINGUNA persona con diversidad funcional o movilidad reducida HA ESCOGIDO que su cuerpo no le responda cómo debería. Es UNA CONDICIÓN NO UNA ELECCIÓN. NO NOS LO HAGÁIS MÁS DIFÍCIL.

    PUNTO 2: NO TENEMOS LA CULPA DE QUE LA ACCESIBILIDAD EN ALGUNOS CENTROS O LUGARES DE OCIO (POR SUERTE,  NO TODOS) SEA PENOSA. NO TENEMOS POR QUÉ AGUANTAR MALAS FORMAS O CARAS Y  CONFORMARNOS CUANDO HEMOS PAGADO IGUAL QUE EL RESTO.  

    Y ENTENDEMOS LAS CONDICIONES DE SEGURIDAD PERO TAMBIÉN TENEMOS DERECHO A DISFRUTAR Y MÁS CUANDO TODO ESTÁ EN ORDEN. SI A LA GENTE QUE ESTÁ DE PIE NO LE DICES QUE DEBE SENTARSE PARA QUE NOSOTROXS PODAMOS VER , TAMPOCO DEBES DECIRNOS QUE NO DEBEMOS BUSCAR LA MANERA DE VERLO CUANDO NO PODEMOS.

    Pero Valladolid no es en la única ciudad donde me han pasado este tipo circunstancias cuando he ido y voy a eventos o conciertos. En Coruña, cuando he ido al Coliseum, algunas veces tres cuartos de lo mismo. Solo hay una zona pequeña habilitada y es conveniente que cojas las entrada en persona.

    Además me hace mucha gracia, que sea donde sea, cuidad o recinto, generalmente a las personas con movilidad reducida solo nos dejen estar en la zona habilitada con una persona. Ir con tres o cuatro amigxs es impensable. ME PARECE INJUSTO.

    Si he escrito este post es para manifestar mi profundo malestar con respecto a lo que nos sucedió anoche y que me suele ocurrir a menudo. Así como para intentar hacer ver que aún queda mucho por adaptar y muchas mentalidades que cambiar. Menos mal que voy a ver a Vanesa Martín  de nuevo en A Coruña y en Madrid.  Porque aunque este tipo de actitudes me quitan las ganas de todo, no van a poder conmigo ni con lo que me hace vivir que es la música.

    Imagen destacada: Audotorio Miguel Delibes. Fuente: Ricardo Bofill, Ricardo Bofill Arquitectura. Centro Cultural Miguel Delibes, Valladolid