Munay

Impermeable

Yo solo quería conocerte. Tú ni eso. Y me desgarré por dentro. Como nunca antes. Aun sabiendo que la piscina estaba vacía y que la hostia iba a ser de campeonato. Pero tenía que hacerlo. Tenías que saberlo. Y yo descubrir que, al final y al cabo, tú eras como los demás. Un queda bien de sonrisa fácil y cuerpo perfecto. Y ya. Nada más. ¿Pero sabes? Mejor que sea así. Mejor haberme llevado la bofetada que no seguir suspirando hasta que me contestes a un Whatsapp. Mejor dejar que pase el tiempo. Que se vaya convirtiendo en un témpano de hielo todo eso – que no sé muy bien qué era- que sentía por ti.

El otro día me dijeron que la vida se trata de eso: de llevarte bofetadas y decepciones hasta que aparece la persona correcta. Y tú no es que hayas sido la primera bofetada pero sí la más dolorosa que recuerdo. Y ¡joder!, de vez en cuando aunque sea durante dos segundos vuelves a doler. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Pero mi mayor miedo en esto del corazón es que esa fuerza me convierta en un ser impermeable, de esos que tienen coraza en vez de dermis. De esos que no son capaces de dejarse querer del todo. De los que no se dejan conocer. Quizás sea porque hasta ahora solo he conocido la parte dolorosa de querer a alguien. Sin haber experimentado, por ambas partes, el primer round. Y que jodido. Porque en el fondo sé que tengo mucho amor para dar – que no regalar a cualquiera-. Solo a quien lo merezca. Todo llega, todo pasa y todo cambia. Con eso me quedo. Porque contigo desde luego que ya no.

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