Munay

Echar de menos

“Para mí el echar de menos se ha convertido en un sentimiento que camina conmigo de la mano. “El echar de menos” se transformó en recuerdos, en fotografías, en palabras, en música… Se convirtió en recordar que a veces sin decirles nada les decía todo; que cuando nosotros callábamos eran nuestros silencios los que gritaban. “El echar de menos” se transformó en las ganas de volver a recordarles que este mundo no es tan gris, ellos lo pintan con sus reflejos de color.  Cierto es que estoy aprendiendo a vivir con él.  Nadie dijo que fuera sencillo, pero también creo que si este sentimiento existe es porque viven en mi muchos otros sentimientos, lazos, que me unen a ellos. Lazos que no entienden de lejanías ni de distancias, ni de espacio, ni de tiempo. “

                                                                                  Alejandra Fejióo Lamas

Y es que yo me he dado cuenta de que me paso la vida echando de menos. Es mi parte más infeliz. Es mi agujero negro. Siempre echo de menos. A gente de la ciudad en donde me he criado cuando estoy en la ciudad donde estudio, a la gente que conozco en la cuidad donde estudio cuando estoy en la ciudad donde me he criado… y ya no hablemos de la gente que conozco que vive en otras ciudades donde yo no he crecido y que veo  en contadas ocasiones a lo largo de un año. Y mira tú, si es curioso y bromista el destino que esas personas a las que veo en contadas ocasiones a lo largo de un año – y eso con suerte, si las fechas, los planes y el dinero cuadran – que yo he terminado viviendo en la Comunidad Autónoma de donde esas amigas y amigos son, y viceversa.  Manda carallo, eh? Pues sí. Paradojas de la vida.

Yo echo de menos. Todo el tiempo. #toelrato #sindoserres. No hay un solo día en que no me acuerde de un grupo de personas. No muchas. De esas que se cuentan con los dedos de una mano. De esas que son importantes, que se han ganado estar en el corcho de mi habitación en Pucela. O que aunque no están en ese corcho (todavía) están en mi cabeza y en mi móvil.

Personas de ese grupo, con las que puedo no hablarme en semanas o puede que meses y sé que están. Pero no les hablo porque no tengo nada nuevo que contar. Y es ahí cuando me cabreo. Conmigo misma y con esa persona, y me cabreo yo sola. Porque tengo miedo de que todo sea distinto cuando vuelva a ver a esa persona y todo haya cambiado. Aunque no lo haya hecho ni el lugar ni el contexto, pero si lo hayamos hecho esa persona y yo. Porque el tiempo te cambia. Lo que vives te cambia. Aunque pienses que todos los días son iguales, siempre hay algo nuevo todos los días. Y eso nuevo es lo que te cambia. Yo no soy la misma que en noviembre del 2013 y seré diferente en noviembre de 2017. Y eso me da miedo. Y ese miedo se convierte en orgullo. Y por eso, cuando paso mucho tiempo sin ‘hablar’ con cualquiera de esas personas de mi grupo me digo eso de: ‘bueno si ella/él no me habla yo paso de andar siempre detrás’ pero me miento a mí misma y por h o por b siempre termino hablando con esa persona y me doy cuenta de que es como si hubiera hablado con ella el día anterior. Eso me pasa mucho con mi rubia.

Pero al fin y al cabo, yo no paro de echar de menos. Por eso siempre recuerdo. Y nunca olvido nada o a nadie que sea o haya sido importante en mi vida. Por eso me gusta tanto la fotografía, porque ayuda a recordar, y sobre todo, a no olvidar.

Y a veces, me gustaría saber si esas personas que yo echo tanto de menos a diario me echan de menos a mí. Porque siempre es bonito saber que te recuerdan en vida, no solo cuando te mueres. Siempre es bonito echar de menos a alguien que de alguna forma sabes que te echa de menos a ti. Siempre es bonito recordar a través de una fotografía.

Ahora que lo pienso, quizás no sea tan malo, echar de menos…

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