Munay

CGV

Hoy por ti. Aunque no sea la primera vez que te escribo. Pero si es la primera que lo hago aquí, en mi rincón. Porque hoy me he levantado inspirada otra vez. Por fin. Y qué bien,  joder! ¡Qué bueno tenerte! Que buena noche la de ayer. Hacía tiempo que no me sentía tan bien con una Estrella entre las manos, celebrando la vida,  celebrando el día de ayer y sintiéndome orgullosa de ser quién soy, de ser mujer. De ser luchadora. De ser valiente.

Hacía tiempo que no me paraba a sentir el sabor de una cerveza. Pero anoche sí. Aunque sé de sobra que no es el sabor que más me gusta. Pero anoche sí. Porque hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Quizá porque era primera vez en cuatro años que me sentía como en casa en una ciudad que ni si quiera tiene mar. Pero os juro que yo anoche entré en un acuario que tenía forma de bar, y de nombre la capital de Alemania, aun con tres escalones en la puerta. Y qué bueno fue,  joder. Y lo mejor de todo es que ella estaba allí. Conmigo. Porque ella no quiere que me quede por tomar ni una Estrella, ni tampoco ningún poema sin escuchar, recitados por mujeres que saben y sienten lo que cuentan, lo que todas en verdad hemos sentido alguna vez. Y  lo cuentan sin vergüenza, sin reparo y con mucho orgullo. Mujeres como ella. Mujeres que tienen mucha vida por dentro y te regalan un poco con una sola carcajada. Mujeres como Celia.

Y eso fue lo que le dije anoche a un tío al que acaba de conocer sobre ella. Que está loca. Pero que su locura era de la buena  porque está llena de vida. Eso, y que es una de las mejores personas que se ha cruzado en la mía. Y lo más curioso de todo es que ella se cree que pasa de mí. Pero no. Se equivoca. Ella siempre está. Aunque no sea físicamente, brindado con una cerveza entre las manos. Me regala vida y me da caña a partes iguales. Porque desde el primer momento, desde la primera tarde de cañas, me hizo entender y ver que la silla para ella no iba a ser un problema. Me lo hizo entender a mí y a los demás. A todos los que se cruzan con nosotras. De esto ya hace unos dos años. Solo espero que sean muchos más.

Y lo mejor de todo es ser consciente de que a lo largo de mis casi veinticuatro años he tenido la fortuna de conocer a más mujeres como ella. Desde los cuatro años, entonces su nombre se correspondía con el de Sara. Después pasó a llamarse Mariana. También Alejandra. Y Marta. Y Fercho. Y qué suerte. Qué suerte saber siempre habrá alguien que sepa mirar más allá de lo que a simple vista se ve. Que te enseñan que lo importante de la vida es saber cómo vivirla y no perderte ni un segundo.

Por eso hoy te he escrito desde mi rincón. Para decirte que quiero seguir celebrando y disfrutando de la vida contigo como anoche. Porque me sumas. Porque no me juzgas. Y porque te quiero  Niña Voladora

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