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Jornada de reflexión

Que yo quiero encontrarme en tus ojos, 
que me ganes y puedas perderme, 
que me queden algunos antojos 
y me dejes sabor al pensarte.

Y me crezca pintándote en rojo, 
que me hables de vida y presienta… 
que nací pa’ vivirla contigo.

Que me toques la cara y me muera 
cada vez que te arañe el destino.

Alguien que sepa frenar enero, 
alguien que sepa que viene fuerte

Frenar enero – Crónica de un baile – Vanesa Martín 


 

Quedan cuatro días para que acabe el año. Y ya van 22. Como cada año toca pensar en todo lo que ha ocurrido a largo de este año. Un año que empezó de la peor manera y lo único que espero es que, dentro de lo posible, este año no terminé tan mal como el anterior. Como siempre, hay cosas que nunca varían: personas que aparecen y no las esperas. Personas que no aparecen por mucho que las deseas, personas que sé que se van a quedar en este año (al igual que hubo personas que se bajaron de mi tren en el 2014 aunque fuera sin saberlo), personas que han aparecido y que espero que sea sigan por mucho tiempo más, y personas que han sabido demostrar que están aunque pareciera lo contrario y que aún quieren seguir estando que, al fin y al cabo, es lo que cuenta, ¿no?

Hay aspectos en mi vida que sé que no van a cambiar en el próximo año por mucho que yo lo quiera, no porque yo no vaya a hacer nada para cambiarlo sino porque no dependen de mí aunque me afecten a mí. No todo lo que nos afecta depende de nosotros. Pero también sé que tarde o temprano estaré lista podré afrontar lo que esos posibles cambios puedan acarrear, se produzcan cuando se produzcan.

Porque si  hay algo que me llevo aprendido en este año es: a mirar por mí, a decir lo que pienso y siento sin estar a riesgo de jugarme el pellejo, claro está, a hacer lo que yo quiero y lo que me apetece: como, donde, y sobre todo, con quien yo elija. Porque la vida es muy corta. Porque hoy estás y mañana no. Porque no es necesario dar tantas explicaciones, ya que, a la mayoría de las personas no les interesan y tú ahorras saliva, tiempo y dolores de cabeza. Porque es necesario dejar cadáveres por el camino para poder conseguir tus objetivos, porque siempre habrá gente quien intentará frenarte en tu empeño por conseguirlos, y no lo digo yo, lo aprendí de Risto Mejide.

Seguramente habré cometido muchos errores a largo de este año que ya va sonando a despedida pero sé que esos errores me han hecho crecer. Que las penas me han hecho más fuerte y que las alegrías me han hecho querer siempre más de lo mejor, me han querer hecho superarme. Y con eso me quedo.

Porque sé qué lo que me hace ser yo cada día que pasa son: las cosas que amo y las personas que siempre llevo conmigo tatuadas en mi corazón y en mi piel.

Y siento que cada vez estoy más preparada, porque, ya se sabe que, lo mejor está siempre por venir.

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