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Capital

BOM. Bomba va. Me da igual cómo te llames, tu edad, lo que sientas. Me dan igual tus sueños. Tu familia. Me da igual lo grande que pueda llegar a ser tu sonrisa o cómo es el color de tus ojos. Me llamo Capital. Y lo tengo todo. Todo eso que, tú no tienes. Eso sí, nunca he llegado a conocer,  y mucho menos entender, qué significa el concepto de igualdad. Ni tampoco el de equidad. Y sobre todo, sus diferentes matices. Pero quizás tú sí. Aunque no lo tengas todo, porque ya lo tengo yo. Tengo todo menos corazón. Pero eso jamás voy a decírtelo a ti a la cara. No pienso mostrarte mi talón de Aquiles. Porque tú y yo no somos iguales. Porque nuestro color de piel es diferente, ¿o es que no lo ves?  BOM. Corre. Porque voy a por ti. Sal corriendo con tus pies descalzados y con la vida y la casa sobre tus hombros porque voy a por ti. Me da igual. Apura. Corre. Sobrevive.

Me da igual que te vayas a quedar sin casa porque tengas una pensión que no te da ni para pagar una factura de la luz, el  gas o el agua porque tienen unos precios que llegan hasta las nubes. O aún peor que ni siquiera tengas pensión. Porque recuerda cómo me llamo y acto seguido entenderás por qué a mí eso me da igual. Me da igual que seas una persona con diversidad funcional y todo lo que ingresas al mes tenga que ir a que una persona te ayude porque tu madre ya no puede contigo. Págatelo tú de tu bolsillo. O mejor, que sea tu madre, que tiene más de 60 años, quien te suba por unas escaleras a su espalda porque tú no puedes. Porque tú y yo no somos iguales ¿recuerdas?

Me da igual cual sea tu sexo. Y mucho más tu orientación sexual. Bueno no, no me da igual. También voy a por ti. Y más si eres mujer. Porque si eres mujer, eres menos y debes pelear más. Tenlo claro ya. Porque yo voy a poder contigo. O al menos eso lo que me da ha dicho mi hermano y amigo PATRIARCADO. Con el que ayer después de cenar firme un PACTO. Un pacto en el que escribimos que poco a poco a poco nos vamos a ir cargando la declaración de los DDHH. Ni justicia, ni igualdad, ni empatía. Aquí y ahora. En pleno siglo XXI. Me lo cargo todo. Mediante la estructura de un Gobierno que se hace llamar Democrático. La cual he creado yo.

Aunque reconozco que me está costando lo mío y no tengo claro si lo voy a conseguir. Porque hay gente (también  llamados personas) a mi alrededor que tienen todo eso que a mí me falta. Porque hay organizaciones que se están enfrentando a mí – yo, que lo controlo todo con la ayuda de  políticos, enfermedades y tanques, entre otras muchas cosas – para que pierda. Aunque voy ganando la batalla no sé si ganaré esta guerra o conseguirán destruirme. A mí y a mi amigo. Porque sigue habiendo ‘días de’ en el calendario. Porque esas personas nunca se cansan de pelear. Porque su corazón, eso que yo no tengo, es mucho más grande que todo lo que yo haya podido crear o destruir gracias a mi nombre. Porque, en el fondo, sé que el amor – que es lo que les sale del corazón –  es lo que mueve el mundo.

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