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Munay

  • Munay

    Felicidad

    La RAE define felicidad como el estado de grata satisfacción espiritual y física o la ausencia de inconvenientes o tropiezos. Yo la defino como el momento o conjunto de ellos que nos hacen sentir bien, en paz. Generalmente somos conscientes de que lo hemos vivido una vez que ya ha terminado. O al menos, a mí me pasa. Y cuando ocurre, sonrío.  ´

    Con el tiempo te vas dando cuenta de que la felicidad no te la aportan los demás sino tú misma. La felicidad no es tener pareja. No es comprarte una blusa de última temporada. Felicidad escuchar el nuevo tema de tu cantante favorita. Descubrir a una nueva cantante. Y que te enganche. Sus letras. Sus melodías. En bucle. Felicidad es comer. Es simplemente respirar. Que te dé el sol en la cara. Que te palpite el corazón. Felicidad es trabajar en lo que amas. Sentirte realizado, útil. Felicidad es no llegar a depender de eso que mueve el mundo: el dinero. Esto último no es que lo diga yo es que lo ha dicho Risto Mejide. Y es verdad. Dinero para viajar. Para comprarte cientos de libros y mil vinilos con un tocadiscos. Dinero para tener una decena de cámaras y fotografiar países o retratar a las personas que son familia para ti.   Felicidad es tener tu piso decorado a tu estilo. Llegar a él, cambiarte de ropa, quitarte el sujetador y ponerte un moño.  Ver una peli en el sofá y que alguien, quien sea, que te quiera bien y no mucho, te esté acariciando el pelo. Que te abracé justo antes de iros a dormir. O a hacer el amor. Lo que vosotros prefiráis.  . Y por supuesto, amar y ser correspondido. Sin que duela. Porque el amor no duele. Y es ahí donde reside la verdadera felicidad. Porque al final y al cabo somos seres sociales ¿no? Pero eh! no olvides que la felicidad  de tu vida la creas tú día a día. Ya lo decía Charles Chaplin: Un día sin sonreír es un día perdido

     Os dejo por aquí la canción de una cantautora que he descubierto hace poco. Se llama Sofía Ellar

    ¿Y para vosotrxs qué es la felicidad?

    Os leo…

    Mil besos

  • Munay

    CGV

    Hoy por ti. Aunque no sea la primera vez que te escribo. Pero si es la primera que lo hago aquí, en mi rincón. Porque hoy me he levantado inspirada otra vez. Por fin. Y qué bien,  joder! ¡Qué bueno tenerte! Que buena noche la de ayer. Hacía tiempo que no me sentía tan bien con una Estrella entre las manos, celebrando la vida,  celebrando el día de ayer y sintiéndome orgullosa de ser quién soy, de ser mujer. De ser luchadora. De ser valiente.

    Hacía tiempo que no me paraba a sentir el sabor de una cerveza. Pero anoche sí. Aunque sé de sobra que no es el sabor que más me gusta. Pero anoche sí. Porque hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Quizá porque era primera vez en cuatro años que me sentía como en casa en una ciudad que ni si quiera tiene mar. Pero os juro que yo anoche entré en un acuario que tenía forma de bar, y de nombre la capital de Alemania, aun con tres escalones en la puerta. Y qué bueno fue,  joder. Y lo mejor de todo es que ella estaba allí. Conmigo. Porque ella no quiere que me quede por tomar ni una Estrella, ni tampoco ningún poema sin escuchar, recitados por mujeres que saben y sienten lo que cuentan, lo que todas en verdad hemos sentido alguna vez. Y  lo cuentan sin vergüenza, sin reparo y con mucho orgullo. Mujeres como ella. Mujeres que tienen mucha vida por dentro y te regalan un poco con una sola carcajada. Mujeres como Celia.

    Y eso fue lo que le dije anoche a un tío al que acaba de conocer sobre ella. Que está loca. Pero que su locura era de la buena  porque está llena de vida. Eso, y que es una de las mejores personas que se ha cruzado en la mía. Y lo más curioso de todo es que ella se cree que pasa de mí. Pero no. Se equivoca. Ella siempre está. Aunque no sea físicamente, brindado con una cerveza entre las manos. Me regala vida y me da caña a partes iguales. Porque desde el primer momento, desde la primera tarde de cañas, me hizo entender y ver que la silla para ella no iba a ser un problema. Me lo hizo entender a mí y a los demás. A todos los que se cruzan con nosotras. De esto ya hace unos dos años. Solo espero que sean muchos más.

    Y lo mejor de todo es ser consciente de que a lo largo de mis casi veinticuatro años he tenido la fortuna de conocer a más mujeres como ella. Desde los cuatro años, entonces su nombre se correspondía con el de Sara. Después pasó a llamarse Mariana. También Alejandra. Y Marta. Y Fercho. Y qué suerte. Qué suerte saber siempre habrá alguien que sepa mirar más allá de lo que a simple vista se ve. Que te enseñan que lo importante de la vida es saber cómo vivirla y no perderte ni un segundo.

    Por eso hoy te he escrito desde mi rincón. Para decirte que quiero seguir celebrando y disfrutando de la vida contigo como anoche. Porque me sumas. Porque no me juzgas. Y porque te quiero  Niña Voladora

  • Munay

    Impermeable

    Yo solo quería conocerte. Tú ni eso. Y me desgarré por dentro. Como nunca antes. Aun sabiendo que la piscina estaba vacía y que la hostia iba a ser de campeonato. Pero tenía que hacerlo. Tenías que saberlo. Y yo descubrir que, al final y al cabo, tú eras como los demás. Un queda bien de sonrisa fácil y cuerpo perfecto. Y ya. Nada más. ¿Pero sabes? Mejor que sea así. Mejor haberme llevado la bofetada que no seguir suspirando hasta que me contestes a un Whatsapp. Mejor dejar que pase el tiempo. Que se vaya convirtiendo en un témpano de hielo todo eso – que no sé muy bien qué era- que sentía por ti.

    El otro día me dijeron que la vida se trata de eso: de llevarte bofetadas y decepciones hasta que aparece la persona correcta. Y tú no es que hayas sido la primera bofetada pero sí la más dolorosa que recuerdo. Y ¡joder!, de vez en cuando aunque sea durante dos segundos vuelves a doler. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Pero mi mayor miedo en esto del corazón es que esa fuerza me convierta en un ser impermeable, de esos que tienen coraza en vez de dermis. De esos que no son capaces de dejarse querer del todo. De los que no se dejan conocer. Quizás sea porque hasta ahora solo he conocido la parte dolorosa de querer a alguien. Sin haber experimentado, por ambas partes, el primer round. Y que jodido. Porque en el fondo sé que tengo mucho amor para dar – que no regalar a cualquiera-. Solo a quien lo merezca. Todo llega, todo pasa y todo cambia. Con eso me quedo. Porque contigo desde luego que ya no.

  • Munay

    Renovarse…

    Echaba de menos escribir. Escribiros y escribirme. Nuevo año por el mismo camino intentando conseguir mi gran meta de este año. Estoy en camino. Año nuevo con proyectos, objetivos y sueños renovados.
    El año pasado me prometí a mí misma dejar atrás todo lo que me hiciera daño, que dependiera de mí y que pudiera hacer algo para cambiarlo: actitudes, miedos, cobardías, pensamientos negativos y personas tóxicas. Solo quiero lo que y quien suma. Y también mírame más, pensar más en mí. Y empecé el año cumpliendo esa promesa. Me tragué mi cobardía y me enfrenté con miedo a aquello que más me aterraba de la mejor manera en que sabía hacerlo: escribiendo. Tenía que hacerlo. No podía esperar más. Por primera vez me dejé llevar por el corazón aunque mi cabeza sabía que era el mejor momento. Aunque francamente no sí existe un momento ideal para ello.
    Presiento que esté año va a ser un año que va a tener de todo…y solo espero que me ayude poco a poco a coger al toro por los cuernos como se suele decir…y mientras eso va sucediendo que me regale algún que otro viaje, a cualquier parte, me da igual, lo único que pido es elegir la compañía. Porque al final y al cabo eso es lo importante en la vida: tener la opción de escoger con quien la compartes y si eres inteligente sabrás elegir la opción que más feliz te haga. Y disfrutar cada momento especial porque no se volverá a repetir.

    Mil besos…

  • Munay

    Noviembre dulce

    El tiempo vuelva. Los días pasan. El frío llega. Y con el las ganas de mantas, ojalá tu cuerpo y el mío debajo haciendo que lleguemos a 30º. La gente piensa que solo el calor quema pero el frío lo hace aún más. A mi me arde cuando no te tengo cerca.

    Porque una chaqueta abriga pero estoy segura de que no tanto como lo harían tus brazos rodeándome o tu jersey prestado para entrar en calor, con tu olor…

    Peli y palomitas. O una escapada de fin de semana, tú eliges el destino, yo ya he elegido la compañía. Porque contigo a cualquier otra parte. Me da igual. Es increíble. Porque te has convertido en mi hogar. Porque has espantado mis demonios. Porque has asustado hasta al más oscuro de mis miedos y ya ni se atreven a asomar ni un pie. Porque, por una vez en mi vida quiero que el tiempo se pare, que no existan los relojes. Y pasar rato, todo el rato sin parar… Ojalá…

  • Munay

    Deja de ser cobarde, amor

    Ojalá tuviera valor. Valor para decirte lo que significas para mí. A la cara. Sin temblores. Ni miedos. Que lo único, lo primero y lo último que tuviera en la cabeza fuese dejarme llevar, sin importarme lo que pudieras pensar, tu reacción. Que las ganas que tuvieras de salir corriendo se convirtiesen en ganas de quedarte a tomar algo conmigo en cualquier bar, de barrio, de esos que tienen encanto. De esos que cambian tu armonía. Tomando tres o cuatro estrellas, todo dependería de si nuestros corazones laten o no al mismo compás, aunque no sea flamenco.
    Porque yo, aunque no lo creas, ya no espero nada. Simplemente quiero confesarte que me dejaste sin aliento desde el primer día en que te vi. Y creo que sobra decir todo lo que me ganaste después, aunque tú no lo sepas de mi boca, pero sé que lo intuyes solo con mirarme.  

    Porque simplemente quiero dejar de ser cobarde y que por una sola vez que mi corazón no se quede con las ganas. Que le gane un pulso a la razón. No quiero nada, no espero nada. Simplemente no auto lesionarme más. Son demasiadas espinas.  Lo que quiero es decirte lo que siento, a tiempo, no callarme más.

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  • Dí Capacidad, Munay

    Pulso CABEZA – CORAZÓN

    La verdad es que no sé muy bien donde debería publicar lo que voy a escribir a continuación, si en el blog que tengo para mí proyecto para dar a conocer la discapacidad física, en especialmente mis vivencias o en este blog, que es algo más mío. Pero como esto es más un pulso cabeza – corazón tanto conmigo misma como con los que me rodean, me conocen (o puede que crean que me conozcan, porque a veces pienso que ni yo misma me llego a conocer del todo) y me quieren (aunque a veces no sé si mucho o poco o mejor si dicho en vez de quererme bien me quieren mucho,y a veces puede que ese “mucho” signifique “a penas”). Por todo esto, he decidido publicarlo aquí. Puede que haya gente que me conozca y lo lea. Y puede que parte de esa gente se enfade al leerlo, pero sinceramente, me importa un pito. Porque no lo hago para que ninguno o ninguna se sienta aludido o aludida o para ofender a nadie (por otro lado, como dice el refrán: ‘Quien se pica, ajos come’) lo hago porque me desahogo escribiendo y hablando, pero sobre todo escribiendo. Y esa es la razón principal de este blog tan mío. Así que, allá voy:
    Muchas de las personas que me han rodeado y me rodean en mi vida saben cuál es mi situación física. Una situación y una vida que yo no escogí: vivir sobre ruedas y muchas veces me han preguntado lo siguiente cuando les he contado parte de ella: ‘¿Y no te has planteado operarte de nuevo para andar o simplemente para ponerte de pie? Puede que mañana lo eches de menos y te arrepientas de no haberlo intentado antes.” Personas que me hacen este tipo de comentarios, ya me conocen bastante y sé que lo hacen desde el cariño pero siempre me da la sensación – venga de quien venga el comentario – de que hablan sin conocimiento de causa en absoluto hacía mi persona por algo tan simple de que no están en mi pellejo, (por mucho que se hayan dedicado o les interese la rama de la terapia ocupacional, la fisioterapia, la psicología, la enfermería o cualquier otra rama de las ciencias de la salud, me da igual lo que sea), y más, cuando insisten siempre en el mismo argumento una y otra vez. Algo que por otro lado no me cabrea pero si me molesta. Puesto que yo, antes de que me dieran otra vez el mismo argumento, o similares, les he explicado la razón principal que me ha llevado a estar donde y ser quien soy, aquí y ahora (ya que no tengo ni puñetera idea de lo que va a pasarme mañana o dentro de dos días) y que voy a explicar públicamente:
    Hace ya unos cuantos años tomé la decisión de vivir sentada. Algo que sabía que no iba a ir como la seda ni mucho menos sobre ruedas (permitidme un poco de humor negro). Decidí que la etapa de operaciones de caderas, rodillas y demás partes de mi cuerpo iban a quedar a un lado, junto con el olor a hospital, la mala praxis de alguna que otra enfermera, las agujas, las escayolas y sobre todo el dolor. Y a todo eso hay que añadir los meses y meses de rehabilitación y reposo sin vida social ni académica.
    Así que decidí que ya estaba asqueada y cansada de tanto dolor tanto para mí como para mi familia – porque nunca se me olvidarán las caras de mi madre, mi hermano y mi abuela camino al quirófano ni tampoco su paciencia y aguante contra mi mala hostia en todos los procesos post operatorios, que, al menos en mi caso, son mucho más duros que la operación en sí – y decidí parar. Decidí que yo no había venido a este mundo y que mi madre no había luchado tanto por mi para que yo me pasara año si y año no de quirófano en quirófano y de hospital en hospital. Que la vida para mi tenia que ser más que eso pese a todos los problemas y zancadillas que me pudieran poner en el camino. Quizá porque mi madre desde pequeña, me enseñó a mirar siempre hacia arriba y a valorar lo que tenía.
    Al principio a mi familia le costó muchísimo entender que yo quisiera parar todo esto. Que quisiera vivir sentada. Me costó hacerles entender que por mucho que me operará y por mucha rehabilitación que hiciese yo nunca iba a caminar como una persona normal y que eso a mí me frustraba y mucho, que se me acaban las fuerzas, que se me esfumaban las ganas de todo. Porque la discapacidad física que yo tengo está en el cerebro: el órgano más desconocido para la ciencia. Tengo una parálisis cerebral que me afecta a muchas cosas aunque especialmente a mi movilidad y puedo hacer dos cosas: seguir luchando contra viento y manera contra mi cerebro o intentar vivir una vida lo más normalizada posible con lo me ha tocado vivir. Y escogí lo segundo.
    ¿Qué si a veces echo de menos andar con andador hasta la casa de mi abuela o en el recreo de mi colegio? Pues claro, joder. ¿Qué si no me gustaría ponerme de pie e ir al servicio sola sin depender de nadie? ¿Y a quien no le gusta?, digo yo. Pero esto es con lo que me ha tocado convivir y sé que se puede ser feliz. Porque ha día de hoy, pese a todo, lo soy. Me considero afortunada por situación que me ha tocado vivir, porque sí, podía ser mejor, pero también podía ser mucho peor y estoy muy orgullosa de lo que a día de hoy estoy consiguiendo y sé que aún me queda mucho, sentada o de pie. Y que si algún día no muy lejano me tengo que operar porque es lo mejor y me siento segura y fuerte para afrontarlo con todo lo que ello conlleva, que no es poco, lo haré.
    Pero no voy a consentir que nadie intente rebatir mis decisiones o pensamientos pensando en lo que pude tener o no por muy conocidos o amigos míos que sean. Yo no opino de cosas tan tan personales de la vida de nadie porque yo no lo he vivido. Y no me gusta que lo hagan conmigo. Hay opiniones y opiniones y, sobre todo manera de decir las cosas. No es el QUÉ SINO EL COMO, hay ocasiones en las que tenemos que pensar que nuestras palabras pueden ‘herir’ a la persona que tenemos delante, hay que saber frenar y sobre todo hay que saber ponerse en el lugar del otro. Porque cada persona tiene su vida.
    Y a día de hoy solo estaría dispuesta a rebatir sobre esto con la persona que lo ha dado todo para que yo esté aquí: mi madre. Y porque aunque sé que puede que muchas veces no ha estado de acuerdo con las decisiones médicas que he tomado en los últimos años sabe mejor que ninguna otra persona – aunque a veces no al 100% porque tampoco es yo – lo que he sufrido, pasado y vivido y sé que me respeta.