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    Lorena Bogado Camacho

    Hoy quiero hablamos de alguien muy especial para mí, quizás porque me veo reflejada en ella, porque me recuerda demasiado a mí y aunque no nos conozcamos en persona le he cogido mucho cariño desde que supe quién y cómo era. Se llama Lorena Bogado Camacho y es escritora. Tiene tres libros publicados: Llegó el amanecer a mi vida (un libro autobiográfico),  Cartas al aire (un poemario) y Ahora elijo mi propio camino (una novela). Voy a hablaros del primero.

    Lorena, al igual que yo, también tiene parálisis cerebral. Solo que su grado de afectación es más alto. No puede moverse (tanto como yo) ni hablar. Pero tampoco es que le haga falta porque con su mirada y su sonrisa lo dice absolutamente todo. Y su madre y su gente saben eso mejor que nadie. Llegó el amanecer a mi vida es su historia. Cuando estaba leyendo el libro me emocionaba porque me recordaba a mí, a mi vida.

    La razón porque la que a ella y a mí se nos produjo una parálisis cerebral fue una negligencia médica a raíz de una serie de complicaciones. Las dos con el apoyo de nuestras madres, nuestra familia y nuestros amigos hemos sabido salir a delante y luchar por nuestros sueños. Su vida familiar y la mía también son similares. Su adaptación al colegio fue complicada (al igual que la mía) porque la sociedad y muchas personas aún no están preparadas para la diversidad….pero tenemos que hacer que poco a poco eso cambie. En su libro autobiográfico contaba anécdotas de médicos y profesores que yo también he vivido. Su vida académica, sus retos, sus pasiones…una de ellas: la música. En concreto la música de su querido Manuel Carrasco al que ha tenido la oportunidad de seguir desde el principio de su carrera y al que le considera ya más que un ídolo un amigo. La música es su mejor medicina y también la mía. Porque tiene la capacidad de transportarte a otro mundo, de hacerte sentir…pero no solo la música sino también escribir, contar tu historia, o simplemente historias en forma de poemas o novelas…sé que esa es otra de sus pasiones. Y también la mía, por eso, me encanta escribir. Porque es la mejor manera de tener voz, de enseñar tu alma, de mostrar quién y cómo eres. Y si gracias a ello puedes ayudar a otras personas a ver la vida de otra manera, de otra forma mejor. Y es lo que ha hecho Lorena al publicar sus libros. Ayudar a través de las palabras y la lectura y hacer ver a la gente como es ella y como ha sido su vida. Por eso os recomiendo seguirla y sobre todo leer sus libros. Por eso no quiero contaros más. Quiero que la descubráis vosotros…

    Pero no puedo terminar este post sin antes darle las gracias por haberme dado más fuerzas todavía para querer seguir comiéndome la vida, por enseñarme que hay personas que son como yo, que no soy la única. Espero poder conocerte algún día en persona Lorena, me encantaría que me contarás mil historias con tan solo una mirada y poder disfrutar juntas algún concierto de Manuel Carrasco. Si voy a Huelva te avisaré…

    Os dejo un documental sobre su libro autobiográfico, Llegó el amanecer a mi vida por si queréis conocer más sobre ella.

     

     

    Aquí os dejo sus redes sociales para que podáis seguirla:

    Espero que os guste su historia y sus libros.

    Ya sabéis… Os leo

     

     

  • Dí Capacidad, In-Culture

    Nunca es demasiado tarde, princesa

    Nunca tengas miedo a equivocarte, porque a veces es el único camino. Y nunca dejes de intentarlo, porque nunca es demasiado tarde.

    Irene Villa.

    Quiero hablaros de un libro que leí hace ya unos cuantos meses: Nunca es demasiado tarde, princesa de Irene Villa. Quiero hablaros de él desde un punto de vista más personal y social.

    Historias entrelazadas. Historias de personas que tienen problemas…y que los superan. Hoy quiero recordar la primera. Si la memoria no me falla la protagonista se llamaba Elsa. Un accidente de tráfico le cambió la vida para siempre. Una chica joven con el mundo a sus pies. Pero un sábado noche su mundo se dio la vuelta. Las noches de fiesta pasaron a ser mañanas en el hospital acompañadas de rehabilitación, semanas y semanas sin salir de casa, cabreada con el mundo, consigo misma, pagando su frustración con la gente que tenía a su alrededor, (que solo pretendían animarla), con mil preguntas sin respuesta en su vida. Hasta que su hermano le abrió los ojos, diciéndole las cosas tal y como eran. Aprender a vivir sobre ruedas por culpa de una lesión medular no es fácil. Caerte de la silla por la calle y que no haya nadie alrededor para ayudarte a levantarte, tiene que ser una mierda pero también una lección. O te levantas o te levantas, no hay más. El instinto de supervivencia aflora. Reaccionas. Aprender a vivir sobre ruedas no es fácil. Adaptarte. Buscar salidas: el deporte es una buena opción. Y esa fue la elección de Elsa. Y muchas veces también ha sido la mía.

    Yo no me quede en silla de ruedas de la noche a la mañana. Yo, como suelo decir “vine así de fábrica”.  Me ha costado mucho aceptarlo. Sobre todo cuando era más pequeña: quería saltar a la cuerda, tirarme por un tobogán, ir al arenario y jugar al fútbol en las fiestas de mi colegio…. Recuerdo que la peor época de mi vida fue la de tener que operarme dos años prácticamente seguidos. Caderas y rodillas. Primero una, luego otra. Escayolas del estómago a los pies. Un dolor enorme, casi tanto como lo son las cicatrices que me quedaron. Quizás por todo eso esté aplazando lo de volver a pesar por el quirófano todo lo posible, a pesar de que sé que tarde o temprano tendré que volver a enfrentarme a ello. También porque sé que mucho peor que yo lo pasó mi madre. Y porque nadie me garantiza que vaya a salir bien la próxima vez y lo más importante, que me vaya a valer para estar mejor, porque ya lo intentaron una vez y no funcionó…y porque no me soportaba ni yo, me pasó lo que pasó a Elsa. No tenía ganas de vivir. Y no me apetece nada tener que volver a pasar por lo mismo. Los años siguientes a todo esto yo también me refugié en el deporte: cuando era más pequeña, la natación sincronizada (adaptada a mi situación), después la equitación…y ahora el gimnasio. El deporte da vida. Hace que sientas mejor contigo misma y quien diga lo contrario es que no lo ha probado.

    Supongo que aprender a vivir sobre ruedas de un día para otro no es fácil. Es mucho más jodido. Pero se puede ser feliz. Y lo sé porque tengo muchos amigos que como Elsa, aprendieron a hacerlo y a serlo. Y que siempre tienen una sonrisa en la cara, y siempre que digo (o escribo) esto, me acuerdo de ella: de Marina García Planelles, esa persona que siempre sonríe y que me hace sonreír, una amiga de esas que encuentras una o dos veces, con suerte a lo largo de tu vida, y yo he tenido esa suerte.

    Cada discapacidad y cada persona es un mundo. Lo más importante es aceptarse y quererse. Nadie es perfecto. Y benditas imperfecciones, que nos hacen únicos.

    En la web de Irene Villa podréis conocer mas a fondo la historia de su vida.

    Alguien a quien admiro y que es un ejemplo para mí.