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Dí Capacidad

  • Dí Capacidad, Lifestyle

    Recordando sensaciones

    Nadando de pequeña

    He vuelto a nadar después de muchos años sin hacerlo.  Cuatro o cinco años, puede que más. Y no me he dado cuenta de cuanto lo echaba de menos hasta que he vuelto a estar dentro del agua (más de 10 minutos seguidos). Había olvidado lo relajada y bien que me hace sentir. De pequeña, como podéis ver en las fotos, he ido durante mucho tiempo a natación. Los médicos me lo recomendaron para coger fuerza y musculatura, ya que es el deporte más completo. Trabajas todo el cuerpo y, además, de una manera diferente ya que en el agua no existe el peso y también se pierde la noción del  tiempo (o al menos a mi me pasa). Por eso me gusta tanto. Por eso, y porque es el único lugar en el puedo caminar sin gran esfuerzo y ayuda. Es algo que me encanta, me hace sentir libre y fuerte. Así es que estoy feliz de haber decido volver a nadar. Y sobre todo. de perderle el miedo al agua.

    Puede que os preguntéis porque le tengo miedo al agua si antes nada. Pues bien, cuando era más pequeña, entre los 12 y los 15 años tuve que someterme a dos cirugías: una de las caderas y otra de la parte de atrás de las rodillas – las aventuras y desventuras de mis operaciones os las contaré en la categoría de DPC – una de las consecuencias de esas operaciones es que perdí gran parte de mi masa muscular, sobre todo en las piernas. Eso hizo que mi punto de gravedad y mi seguridad en el agua cambiasen, se perdiese y ya no me sentía segura. Pero espero que esa sensación desaparezca pronto.

    Me encanta volver a empezar de nuevo a nadar. Creo que tanto mi cabeza como mi cuerpo lo necesitaban. Necesitaban recuperar todas esas sensaciones que tenía casi olvidadas, entre otras lo cansada que te quedas después y el hambre que te entra, ¿o no? Pero creo que no hay nada mejor como volver a intentarlo y sentirse bien con una misma. Vosotros ¿qué opináis?

  • Dí Capacidad, Munay

    Pulso CABEZA – CORAZÓN

    La verdad es que no sé muy bien donde debería publicar lo que voy a escribir a continuación, si en el blog que tengo para mí proyecto para dar a conocer la discapacidad física, en especialmente mis vivencias o en este blog, que es algo más mío. Pero como esto es más un pulso cabeza – corazón tanto conmigo misma como con los que me rodean, me conocen (o puede que crean que me conozcan, porque a veces pienso que ni yo misma me llego a conocer del todo) y me quieren (aunque a veces no sé si mucho o poco o mejor si dicho en vez de quererme bien me quieren mucho,y a veces puede que ese “mucho” signifique “a penas”). Por todo esto, he decidido publicarlo aquí. Puede que haya gente que me conozca y lo lea. Y puede que parte de esa gente se enfade al leerlo, pero sinceramente, me importa un pito. Porque no lo hago para que ninguno o ninguna se sienta aludido o aludida o para ofender a nadie (por otro lado, como dice el refrán: ‘Quien se pica, ajos come’) lo hago porque me desahogo escribiendo y hablando, pero sobre todo escribiendo. Y esa es la razón principal de este blog tan mío. Así que, allá voy:
    Muchas de las personas que me han rodeado y me rodean en mi vida saben cuál es mi situación física. Una situación y una vida que yo no escogí: vivir sobre ruedas y muchas veces me han preguntado lo siguiente cuando les he contado parte de ella: ‘¿Y no te has planteado operarte de nuevo para andar o simplemente para ponerte de pie? Puede que mañana lo eches de menos y te arrepientas de no haberlo intentado antes.” Personas que me hacen este tipo de comentarios, ya me conocen bastante y sé que lo hacen desde el cariño pero siempre me da la sensación – venga de quien venga el comentario – de que hablan sin conocimiento de causa en absoluto hacía mi persona por algo tan simple de que no están en mi pellejo, (por mucho que se hayan dedicado o les interese la rama de la terapia ocupacional, la fisioterapia, la psicología, la enfermería o cualquier otra rama de las ciencias de la salud, me da igual lo que sea), y más, cuando insisten siempre en el mismo argumento una y otra vez. Algo que por otro lado no me cabrea pero si me molesta. Puesto que yo, antes de que me dieran otra vez el mismo argumento, o similares, les he explicado la razón principal que me ha llevado a estar donde y ser quien soy, aquí y ahora (ya que no tengo ni puñetera idea de lo que va a pasarme mañana o dentro de dos días) y que voy a explicar públicamente:
    Hace ya unos cuantos años tomé la decisión de vivir sentada. Algo que sabía que no iba a ir como la seda ni mucho menos sobre ruedas (permitidme un poco de humor negro). Decidí que la etapa de operaciones de caderas, rodillas y demás partes de mi cuerpo iban a quedar a un lado, junto con el olor a hospital, la mala praxis de alguna que otra enfermera, las agujas, las escayolas y sobre todo el dolor. Y a todo eso hay que añadir los meses y meses de rehabilitación y reposo sin vida social ni académica.
    Así que decidí que ya estaba asqueada y cansada de tanto dolor tanto para mí como para mi familia – porque nunca se me olvidarán las caras de mi madre, mi hermano y mi abuela camino al quirófano ni tampoco su paciencia y aguante contra mi mala hostia en todos los procesos post operatorios, que, al menos en mi caso, son mucho más duros que la operación en sí – y decidí parar. Decidí que yo no había venido a este mundo y que mi madre no había luchado tanto por mi para que yo me pasara año si y año no de quirófano en quirófano y de hospital en hospital. Que la vida para mi tenia que ser más que eso pese a todos los problemas y zancadillas que me pudieran poner en el camino. Quizá porque mi madre desde pequeña, me enseñó a mirar siempre hacia arriba y a valorar lo que tenía.
    Al principio a mi familia le costó muchísimo entender que yo quisiera parar todo esto. Que quisiera vivir sentada. Me costó hacerles entender que por mucho que me operará y por mucha rehabilitación que hiciese yo nunca iba a caminar como una persona normal y que eso a mí me frustraba y mucho, que se me acaban las fuerzas, que se me esfumaban las ganas de todo. Porque la discapacidad física que yo tengo está en el cerebro: el órgano más desconocido para la ciencia. Tengo una parálisis cerebral que me afecta a muchas cosas aunque especialmente a mi movilidad y puedo hacer dos cosas: seguir luchando contra viento y manera contra mi cerebro o intentar vivir una vida lo más normalizada posible con lo me ha tocado vivir. Y escogí lo segundo.
    ¿Qué si a veces echo de menos andar con andador hasta la casa de mi abuela o en el recreo de mi colegio? Pues claro, joder. ¿Qué si no me gustaría ponerme de pie e ir al servicio sola sin depender de nadie? ¿Y a quien no le gusta?, digo yo. Pero esto es con lo que me ha tocado convivir y sé que se puede ser feliz. Porque ha día de hoy, pese a todo, lo soy. Me considero afortunada por situación que me ha tocado vivir, porque sí, podía ser mejor, pero también podía ser mucho peor y estoy muy orgullosa de lo que a día de hoy estoy consiguiendo y sé que aún me queda mucho, sentada o de pie. Y que si algún día no muy lejano me tengo que operar porque es lo mejor y me siento segura y fuerte para afrontarlo con todo lo que ello conlleva, que no es poco, lo haré.
    Pero no voy a consentir que nadie intente rebatir mis decisiones o pensamientos pensando en lo que pude tener o no por muy conocidos o amigos míos que sean. Yo no opino de cosas tan tan personales de la vida de nadie porque yo no lo he vivido. Y no me gusta que lo hagan conmigo. Hay opiniones y opiniones y, sobre todo manera de decir las cosas. No es el QUÉ SINO EL COMO, hay ocasiones en las que tenemos que pensar que nuestras palabras pueden ‘herir’ a la persona que tenemos delante, hay que saber frenar y sobre todo hay que saber ponerse en el lugar del otro. Porque cada persona tiene su vida.
    Y a día de hoy solo estaría dispuesta a rebatir sobre esto con la persona que lo ha dado todo para que yo esté aquí: mi madre. Y porque aunque sé que puede que muchas veces no ha estado de acuerdo con las decisiones médicas que he tomado en los últimos años sabe mejor que ninguna otra persona – aunque a veces no al 100% porque tampoco es yo – lo que he sufrido, pasado y vivido y sé que me respeta.

  • Dí Capacidad, In-Culture

    Nunca es demasiado tarde, princesa

    Nunca tengas miedo a equivocarte, porque a veces es el único camino. Y nunca dejes de intentarlo, porque nunca es demasiado tarde.

    Irene Villa.

    Quiero hablaros de un libro que leí hace ya unos cuantos meses: Nunca es demasiado tarde, princesa de Irene Villa. Quiero hablaros de él desde un punto de vista más personal y social.

    Historias entrelazadas. Historias de personas que tienen problemas…y que los superan. Hoy quiero recordar la primera. Si la memoria no me falla la protagonista se llamaba Elsa. Un accidente de tráfico le cambió la vida para siempre. Una chica joven con el mundo a sus pies. Pero un sábado noche su mundo se dio la vuelta. Las noches de fiesta pasaron a ser mañanas en el hospital acompañadas de rehabilitación, semanas y semanas sin salir de casa, cabreada con el mundo, consigo misma, pagando su frustración con la gente que tenía a su alrededor, (que solo pretendían animarla), con mil preguntas sin respuesta en su vida. Hasta que su hermano le abrió los ojos, diciéndole las cosas tal y como eran. Aprender a vivir sobre ruedas por culpa de una lesión medular no es fácil. Caerte de la silla por la calle y que no haya nadie alrededor para ayudarte a levantarte, tiene que ser una mierda pero también una lección. O te levantas o te levantas, no hay más. El instinto de supervivencia aflora. Reaccionas. Aprender a vivir sobre ruedas no es fácil. Adaptarte. Buscar salidas: el deporte es una buena opción. Y esa fue la elección de Elsa. Y muchas veces también ha sido la mía.

    Yo no me quede en silla de ruedas de la noche a la mañana. Yo, como suelo decir “vine así de fábrica”.  Me ha costado mucho aceptarlo. Sobre todo cuando era más pequeña: quería saltar a la cuerda, tirarme por un tobogán, ir al arenario y jugar al fútbol en las fiestas de mi colegio…. Recuerdo que la peor época de mi vida fue la de tener que operarme dos años prácticamente seguidos. Caderas y rodillas. Primero una, luego otra. Escayolas del estómago a los pies. Un dolor enorme, casi tanto como lo son las cicatrices que me quedaron. Quizás por todo eso esté aplazando lo de volver a pesar por el quirófano todo lo posible, a pesar de que sé que tarde o temprano tendré que volver a enfrentarme a ello. También porque sé que mucho peor que yo lo pasó mi madre. Y porque nadie me garantiza que vaya a salir bien la próxima vez y lo más importante, que me vaya a valer para estar mejor, porque ya lo intentaron una vez y no funcionó…y porque no me soportaba ni yo, me pasó lo que pasó a Elsa. No tenía ganas de vivir. Y no me apetece nada tener que volver a pasar por lo mismo. Los años siguientes a todo esto yo también me refugié en el deporte: cuando era más pequeña, la natación sincronizada (adaptada a mi situación), después la equitación…y ahora el gimnasio. El deporte da vida. Hace que sientas mejor contigo misma y quien diga lo contrario es que no lo ha probado.

    Supongo que aprender a vivir sobre ruedas de un día para otro no es fácil. Es mucho más jodido. Pero se puede ser feliz. Y lo sé porque tengo muchos amigos que como Elsa, aprendieron a hacerlo y a serlo. Y que siempre tienen una sonrisa en la cara, y siempre que digo (o escribo) esto, me acuerdo de ella: de Marina García Planelles, esa persona que siempre sonríe y que me hace sonreír, una amiga de esas que encuentras una o dos veces, con suerte a lo largo de tu vida, y yo he tenido esa suerte.

    Cada discapacidad y cada persona es un mundo. Lo más importante es aceptarse y quererse. Nadie es perfecto. Y benditas imperfecciones, que nos hacen únicos.

    En la web de Irene Villa podréis conocer mas a fondo la historia de su vida.

    Alguien a quien admiro y que es un ejemplo para mí.

  • Dí Capacidad

    Di Capacidad

     Hola bellos y bellas…En este primer post en este apartado de mi web quiero contaros un poco de mí: quién soy y por qué creo este espacio llamado Di Capacidad. Nombre es Cristina Chacón y nací el 5 de mayo de 1993. Tengo parálisis cerebral desde mi nacimiento y estoy en una silla de ruedas. Dependo de muchas personas para poder llevar a cabo mi día a día,  pero eso no me ha impedido hacer una vida lo más normal posible, dentro de mi situación, gracias al apoyo y el esfuerzo – en todos los aspectos – de mi familia, la gente que me conoce y la que está conmigo día a día.

    Ser una persona con diversidad funcional supone mucho más que lo que a simple vista se percibe, sea lo que sea. En mi caso, la parte más afectada es el sistema motor, aunque eso no quiere decir que el resto de mi cuerpo no lo esté, al contrario. Aunque gracias a toda la rehabilitación ejercicio que hice de pequeña (y que sigo haciendo), otras partes de mi cuerpo están menos afectadas. He luchado mucho. He sufrido mucho. Las quince cicatrices de mi cuerpo pueden corroborarlo.

    Vivir sobre ruedas no es fácil: pero en esta vida nada lo es. Nadie te regala nada. Tienes que luchar por ti, con la ayuda de quienes tienes cerca, te apoyan y creen en ti. Soy una persona que desde pequeña, desde el colegio he tenido que demostrar que puedo. Demostrar que aunque esté en silla de ruedas tengo las mismas capacidades para hacer muchísimas cosas igual que cualquier otra persona y que tengo derecho a poder hacerlas. Tengo claro que he nacido para romper barreras y esquemas en todos los aspectos. No me gusta conformarme, si lo hiciera no hubiera llegado a donde estoy hoy.

    Por todas estas razones ha nacido Di Capacidad, este rincón de mi web donde quiero contar a través de la escritura cómo se vive teniendo una parálisis cerebral. Porque escribir es mi medio de expresión. Pero, en Di Capacidad no solo os voy a hablar de mí, porque al final y al cabo, yo solo soy una gota de agua en el mar. También os hablaré de otras personas que tienen diversidad funcional, sobre proyectos, películas, libros, noticias relacionadas con el hecho de tener diferentes capacidades como seres humanos. Ésta es mi manera de aportar un granito de arena en la sociedad: que la gente vea a la gente con discapacidad cómo lo que es, gente con otras capacidades, que se entienda que la diversidad es algo que enriquece al ser humano y no algo negativo o extraño.

    Di Capacidad surge de un proyecto que comencé hace ya un tiempo, relacionado con todo lo que os he contado anteriormente y que guarde en un cajón. Pero siempre tuve muy claro que tarde o temprano, lo volvería a retomar. Y ahora es el momento.  Así que solo espero que disfrutéis leyendo los post tanto como yo escribiéndolos. Que os ayude a conocer a través de mis vivencias y perspectivas personales cómo es el ‘mundo’ de la diversidad funcional.

    Mil besos…